Factores hormonales
La Dra. Jonette Keri explica que aunque para los 20-25 años, la actividad hormonal se ha estabilizado lo suficiente como para que el acné mejore o remita, “hasta el 40% de las mujeres pueden tener acné a los 40 años“. La evidencia científica más reciente expone lo siguiente:
“Las hormonas que se ven implicadas en la aparición de acné son los andrógenos, principalmente la testosterona, DHEA-S y dehidrotestosterona (DHT). Las concentraciones elevadas de andrógenos o la hipersensibilidad de las glándulas sebáceas a estos provocan aumento en la producción sebácea y la hiperqueratinización folicular”
Se ha observado que en el caso de la mujer, a lo largo de cada fase del ciclo menstrual, se produce una serie de fluctuaciones hormonales que pueden desencadenar brotes de acné. El embarazo y la menopausia también pueden contribuir en ello.
Herencia
El acné en adultos también tiene un origen genético o hereditario. Esto quiere decir que si en tu familia de primer grado hubo casos de acné en la adultez (madre, padre, hermanos, etc.), hay mayores probabilidades de que tú también experimentes acné aún después de haber pasado la pubertad.
Ojo, esto no es una regla exacta. Por ende, aún cuando tus padres hayan tenido acné en la adultez, eso no necesariamente quiere decir que tú vayas a sufrirlo de la misma manera. La probabilidad es alta, pero no absoluta.
Medicamentos y condiciones médicas
Además de los factores hormonales y la genética, el uso de ciertos medicamentos (anticonceptivos, terapia hormonal, esteroides y otros) puede desencadenar el acné en adultos, como efecto secundario. Por ello, hay que estar atento a las indicaciones del médico y el producto como tal.
Si hay algún medicamento que te está causando brotes de acné y otros problemas (aumento de peso, etc.), consulta con el médico en la brevedad posible.
Por otro lado, condiciones como el síndrome de ovarios poliquísticos puede ser un motivo de acné en mujeres adultas. Esto guarda relación con la actividad hormonal, aunque no es exclusivo.
Productos cosméticos
El uso de productos cosméticos (sobre todo aquellos de base oleosa, no acordes al tipo de piel), para realizar la limpieza, maquillarse, etc., también puede ser una causa de acné en adultos.
Si además de tener uno o varios factores de riesgo, una persona que utiliza los productos menos adecuados para su tipo de piel, pasa largas horas usando maquillaje y no se lava el rostro como corresponde antes de irse a dormir, puede sufrir acné en la adultez.
En relación con los productos cosméticos, cabe destacar los que están destinados al cuidado del cabello. Si estos no son los más adecuados para el tipo de cabello (seco, graso, mixto), esto podría incidir en la aparición de acné.
El tabaquismo es otro hábito que puede desmejorar en gran medida la salud de la piel y hacer que los demás factores predisponentes provoquen un brote de acné.
Afortunadamente, el acné en adultos es tratable. Para ello, los dermatólogos pueden establecer diversas estrategias terapéuticas, según sea cada caso. El tratamiento es personalizado.
En el tratamiento se tienen en cuenta los factores de mayor incidencia y el nivel de afectación de la piel, pero también los autocuidados (aplicados o no, y mejorables) y, en cierta medida, el estilo de vida de la persona.
A la par que se aplica un tratamiento, el dermatólogo establecerá un calendario de seguimiento para evaluar los resultados obtenidos, introducir mejoras y, ante todo, saber cómo se encuentra el paciente. El seguimiento se suele realizar con una frecuencia quincenal, pero puede variar según el caso, pudiendo ser más o menos espaciada.
Además de seguir las pautas del tratamiento y asistir a los controles, será fundamental atender a las recomendaciones del especialista en autocuidados y otros factores relacionados con la rutina, ya que contribuye con la mejoría de la piel. Corregir los hábitos y los rituales es una buena forma de empezar.
“En general se recomienda un tratamiento escalonado y progresivo, siendo la primera opción -para los casos leves- el tratamiento tópico (en monoterapia o asociación), en segundo lugar, la asociación de fármacos tópicos con antibióticos orales y finalmente los retinoides sistémicos (isotretinoína oral).
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